COMUNICADO DEL CONSEJO EJECUTIVO Y COMISIÓN PERMANENTE Ante la situación de España y Cataluña

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Madrid, 7 de noviembre de 2017

El Consejo Ejecutivo junto con la Comisión Permanente de la Federación de las Asambleas de Dios de España, deseamos manifestar nuestra profunda preocupación por la creciente tensión y las consecuencias destructivas derivadas del conflicto existente en toda España y en Cataluña, producto de las posturas aparentemente irreconciliables de quienes conciben Cataluña y el resto del Estado Español de forma diferente.

Como servidores de Dios y de la comunidad, nos desmarcamos de cuantos se radicalizan y agreden contra el prójimo en forma verbal, física o intelectualmente, provocando heridas o agravando las ya existentes, producto de un pasado no superado por falta de perdón y, por ende, de reconciliación. Como cristianos, declaramos que somos ciudadanos de un Reino heredado por Jesús y que nos mueve más allá de cualquier barrera de separación entre las personas y totalmente ajenos a fomentar cual fobia o discriminación por razón de raza, sexo, cultura, lengua, religión o nación.

Manifestamos nuestra desaprobación ante quienes declarándose evangélicos o cristianos y en el ejercicio de una labor ministerial que debiera servir a todos, se pronuncian públicamente de forma partidista contribuyendo a agravar de forma irresponsable la fragmentación social, que ya de por si es cada vez más severa. De hecho, nuestra mentalidad propia del reino de los cielos, nos debiera llevar a interesarnos más por las personas y por las familias, que por los ideales de lo que debiera ser España o Cataluña.

Consideramos que el actual conflicto no se soluciona exclusivamente policial, judicial o políticamente. Nuestra praxis pastoral nos lleva a afirmar que el conflicto existente radica en el alma de quienes, independientemente de que sean catalanes o españoles, no han logrado superar las ofensas del pasado más reciente, o incluso, del pasado lejano que han heredado las presentes generaciones por la transferencia de las ofensas, o bien, por la pervivencia de ciertas actitudes irreconciliables a lo largo de la historia que inciden sobre heridas centenarias aun no cicatrizadas. Consiguientemente, tras lo afirmado, se evidencia que el conflicto esencialmente es un problema espiritual solo superable mediante una sincera reconciliación basada en la práctica del perdón en toda su plenitud.

Finalmente, hacemos un llamamiento a todos los cristianos para que intercedan ante Dios rogando por los que están en lugares de influencia social, en puestos de autoridad o espacios de gobierno para que obren conforme a criterios objetivos y que contribuyan a la paz, procurando la justicia, renunciando a la violencia, practicando la misericordia, actuando sin resentimiento y dictando o aplicando leyes basadas en la piedad, la justicia y equidad. Intercedamos para que nuestros líderes de toda índole se humillen ante Dios implorándole sabiduría para lograr abrir un nuevo tiempo en la historia que contribuya a la sanidad de nuestras gentes, a un progreso sostenible y dejar un legado saludable a las nuevas generaciones para contribuir a un futuro mejor

Mat 5:3-10
Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de los cielos les pertenece. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los compasivos, porque serán tratados con compasión. Dichosos los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece.

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