Anímate, siembra una iglesia

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Hace cuatro años en conversación con un hermano acerca del llamado de Dios, me preguntó: “Johnny, ¿cuál es tu ministerio?, ¿cómo lo definirías?” Frente a esa pregunta respondí con rapidez, “pastor y maestro porque es lo que he estado haciendo desde los 20 años”. Pero luego, comencé a hilar más fino en la respuesta, describiendo los lugares dónde había estado junto a mi esposa y el trabajo que habíamos desarrollado. Entonces descubrí que era un sembrador de iglesias. En ese momento de la conversación ya lo tenía muy claro, habíamos dedicado nuestra vida en sembrar iglesia en diferentes lugares y preparar obreros para que continuaran el trabajo. Junto con ello entendí que Dios nos había traído a España no sólo a desarrollar una labor pastoral enfocada en la iglesia local, sino que teníamos que enfocarnos en la expansión.

Es por eso que, desde hace cuatro años, hemos comenzado dentro del marco de VA2020 a sembrar nuestra primera iglesia en España, en Berriozar, provincia de Navarra. Con temor por no contar con ningún tipo de recurso, nos lanzamos a la tarea. Fue sorprendente ver que al momento de tomar la decisión Dios comenzó a entregarnos los recursos que necesitábamos. La primera llamada que recibí, fue una ofrenda para el alquiler de todo el primer año. Mi interlocutor, guardó un momento de silencio y añadió: “además tengo cincuenta sillas, cuatro mesas y un pulpito para ti”. Fue un empujón de parte de Dios que me fue imposible echarme atrás. En ese momento contábamos con los recursos materiales, pero faltaba lo más importante, las personas que conformarían esa congregación. Comenzando de cero, realizamos campañas y actividades evangelísticas, que nos dieron los primeros frutos. Después de dos años realizamos nuestros primeros bautismos que vino a coronar el tiempo mas difícil en el proceso de plantación. Hoy la iglesia cuenta con una asistencia media de 20 personas los días domingos, y además, ya estamos trabajando en otro pueblo a 60 kilómetros (Peralta, Navarra) donde atendemos a seis personas cada quince días.
El ser un sembrador es una tarea maravillosa por todo lo que esto implica. Desde dar el primer paso, luego ver la providencia de Dios en cuanto a recursos y oportunidades; que decir del discipulado y preparación de obreros; el hecho de que se abran puertas para seguir sembrando en nuevos lugares; en fin. Es una aventura llena de emociones y experiencia enriquecedoras que nos permiten crecer, madurar y conocer a Dios de forma mucho más profunda.
Jesús nos dijo que alzáramos los ojos y viéramos los campos que ya están preparados para la cosecha. También dijo que rogáramos al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
Soy de los que creo que los tiempos han cambiado en España. Los campos están blancos esperando por obreros que levanten la cosecha.
Anímate y levanta tu cosecha. Anímate, siembra una iglesia.

Johnny Mella y Sara Pasten
Misionero A.D. Chile
Navarra – España

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