Crisis, desafío y oportunidad

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En los últimos años la palabra crisis se ha puesto manifiestamente de moda; y lo ha hecho porque multitud de cosas han cambiado en el mundo.

El ataque infame a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001 marcó un hito en la historia contemporánea, la ruptura de la estabilidad económica mundial en plena globalización, la crisis de valores, la aún mayor desestabilización de la zona del Oriente Medio con la aparición del autollamado Estado Islámico…

El mundo está en crisis, no cabe duda. Y la palabra nos asusta. Nadie quiere entrar en crisis. Pero las crisis no son tan negativas, aunque todos estos acontecimientos mencionados sí lo sean.

La palabra crisis viene del griego y significa separación, juicio, decisión.

En febrero de este año la iglesia que me honro en presidir, en Sevilla, España, recibió una notificación de los propietarios del edificio donde se nos comunicaba que teníamos que abandonar las instalaciones, tras cinco años de estar allí y a donde llegamos por un milagro de parte de Dios.

Es evidente que, de pronto, la iglesia se hallaba frente a una crisis. Porque encontrar un espacio adecuado en nuestras ciudades europeas, tan escasas de espacio, que quede bien para todos y que se pueda pagar no es en absoluto fácil.

Entendimos que debíamos enfrentarnos al problema ‒la crisis ‒ con fe, es decir con confianza, y que si Dios hizo el milagro la otra vez, lo volvería a hacer. Entendimos que esa situación complicada resultaría en algo mejorY hoy declaramos que así ha sido.

Hoy estamos en unas instalaciones mejores, más económicas y que nos permiten avanzar en el reino de Dios. Aunque solo es una nueva etapa.

Las crisis alteran situaciones estables y obligan a tomar decisiones, lo que significa que se rompen inercias y se generan nuevas energías, nuevos rumbos y, por tanto, nuevos destinos. Se quiebran situaciones enquistadas que habían tomado carta de naturaleza y así puede llegar el cambio.

El tan temido cambio, pues a nadie le gusta cambiar, porque el cambio supone perder la confortable e inexpugnable posición adquirida. Para algunos es “su silla” en la iglesia que nadie le puede arrebatar, y que ahora se la mueven de lugar… ¡y de ocupante!

He conocido algún que otro hermano que dejó la iglesia porque ese año no fue reelegido para el cargo. Clara señal de inmadurez espiritual, e incluso humana.

Toda crisis supone un terremoto, pero también un desafío. Doy gracias a Dios por las crisis, porque por ellas el pueblo de Dios avanza. Gracias a ellas surgieron líderes como Débora, Gedeón, David y otros.

Ante aquel gigantón que amenazaba a todo un pueblo acobardado y tembloroso ‒situación en la que se encuentran muchos hijos de Dios‒ el joven David dijo: “¿Quién es este filisteo incircunciso para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?”.

Para David la provocación de aquel enemigo fue un desafío personal que le llevó a tomar una decisión: “Que nadie se desanime a causa de ese; tu siervo irá y peleará contra este filisteo” (1 S 17:25,32), dijo a un rey sin recursos. ¡Que nadie se desanime por las crisis!

Porque las crisis nos llevan a replantear las cosas, a reflexionar, a tomar decisiones, nos obligan a buscar a Dios en quien se hallan todas las respuestas, nos desafían más allá de nuestras fuerzas y a confiar en el poder de Dios.

Las crisis son nuevas oportunidades, no lo olvides; y las oportunidades son ocasiones únicas de parte de Dios, tiempos cuando él está guiando a su pueblo hacia nuevos horizontes, nuevas victorias, nuevas metas y conquistas. Ese tiempo que en el griego bíblico se llama kairós, distinto del chronos o tiempo secuencial, es el tiempo de Dios, porque la obra de Dios tiene sus tiempos, sus momentos, sus oportunidades.

Así que bienvenidas sean las crisis que sacudan nuestras inercias, nuestra confortable estabilidad, nuestro inmovilismo, sea este eclesiástico, familiar o personal.

Dios no nos llamó a estar parados sino a movernos en obediencia a la Gran Comisión. Para los discípulos de Jesús, la fase del aposento alto solo duró diez días, a los que podemos sumar los otros cuarenta de asimilación de la crisis por la partida del Maestro, pero después fueron llenos del Espíritu Santo y comenzó la historia de la iglesia.

Más tarde sobrevino otra crisis con la persecución, pero gracias a ella la iglesia ‒una iglesia que se había tomado con suma calma lo de salir a hacer discípulos desde Jerusalén a Judea, a Samaria y hasta lo último de la tierra‒ se movió y avanzó hacia el cumplimiento de su misión.

Y así se ha hecho la historia, de crisis en crisis, de fe en fe, de victoria en victoria, de gloria en gloria.

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Ejerce el pastorado en Sevilla. Posee Grado en Teología por el CSTAD, es Graduado en ERE (CSEE), además de titulación en idioma francés por el Instituto de Idiomas de la Universidad de Sevilla. Es profesor de la Facultad de Teología de las Asambleas de Dios, y miembro del Consejo de Dirección de CLIE. Ha sido Presidente del Consejo Ejecutivo de las ADE, de FEREDE, Director del Seminario Europeo de Teología Superior y profesor de ERE.

3 Comentarios

  1. Gracias JM! Hace poco predique sobre como hace falta FUEGO para que la Iglesia Avance! Sin Fuego se muere!
    Hace falta a) Fuego EN TU CORAZÓN que NO te deja estar quieto en tu sillón dándole al mando a distancia y/o b) Fuego bajo “el trasero” que te obliga a salir de tu conformismo a llevar El Gran Mensaje de Cristo a las Naciones, pero FUEGO EN TODO CASO!!! La Historia, las Circunstancias son OBRA DE DIOS para que Su Reino avance!
    El signo CRISIS en chino dicen que conlleva los significados de 1. Peligro y 2. Oportunidad. Sea como sea BIENVENIDAS sean las crisis si nos ponen en marcha e incomodan a movernos por La Gran Comision!!!
    Un abrazo a todos los que sienten el FUEGO!

  2. Yo también estuve asumido en una crisis espiritual. Llena de ira, odio, furor, en fin un sin fin de cosas. Y sin quererlo el señor me ofrece mi gran sueño ser fotógrafo digital profesional réflex. Con el fin de sacar rendimiento al oficio. Y por si fuera poco después de tantos años luchando por la salud mental el señor me envía un mensaje de salud qué él es mi sanador y mi libertador.

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