La enseñanza doctrinal en la iglesia local, medicina preventiva

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enseñanza doctrinal en la iglesia local

Nadie duda hoy que vivimos tiempos peligrosos. Se han multiplicado los enseñadores de vanidades, los mercachifles de la fe florecen en un mundo que le pica el oído por escuchar soluciones fáciles para situaciones complejas, que desean un Evangelio fácil, reduccionista, un Evangelio que minimice las demandas eternas y resalte los beneficios terrenales de creer.

Pablo había profetizado sobre un tiempo así al que él llama: “postreros días” (2 Timoteo 3:1). Judas escribe sobre un postrer tiempo donde “habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos” (Judas 1:18). La advertencia bíblica es antigua y hacemos bien si prestamos atención a ella. La solución no es una caza de brujas, ni una cruzada postmoderna contra los principales promotores del error doctrinal. El inmundo seguirá siendo inmundo (Apocalipsis 22:11). La medicina que nos llama la Biblia a aplicar, en primer lugar, es preventiva. Debemos ser enseñadores de la Palabra. Nuestras iglesias deben tener un saludable discipulado y un programa de enseñanza funcional que lleve a cada cristiano a un crecimiento progresivo a la semejanza de Jesús en fe, conducta y conocimiento. Pedro escribió a la iglesia: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento” (2 Pedro 1:5). El apóstol considera que debe ponerse todo el esmero posible en este crescendo espiritual.

Pablo es claro cuando le dice a Timoteo, su hijo en la fe, que su ministerio pastoral debe tener un enfoque doctrinal en todo para adelantarse a aquellos que vienen para engañar: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:2-4). El error será enseñado por falsos maestros, buhoneros de doctrinas de hombres y no podremos impedir que eso que ya está profetizado, se cumpla. Nuestra tarea como iglesia es velar que la enseñanza bíblica sea una prioridad en la planificación de nuestras reuniones, que hayan espacios importantes para la formación de nuevos discípulos, para el entrenamiento de obreros y para la consolidación de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3).

Tenemos que ser más exigentes con qué letras tienen nuestras canciones porque muchas de ellas tienen errores doctrinales. Debemos revisar los programas de Escuela Bíblica y evitar que las clases para niños sean lo mismo cada año contándoles la historia del Arca de Noé, la hazaña de David contra Goliat y la fuerza sobrenatural de Sansón. Habrá que ser incisivos en evitar la enseñanza alegórica desde nuestros púlpitos, las predicaciones con eixégesis fantasiosas, la apropiación de promesas bíblicas que fueron para Israel y no para la iglesia, como es el caso de Deuteronomio 11:24 donde Dios le está hablando a los judíos sobre una conquista en concreto, geográficamente delimitada, y que muchas congregaciones se apropian de ella para enseñar principios de evangelismo. De semejantes interpretaciones equívocas han surgido movimientos doctrinales como Reino ahora y Teología de dominio.

Hay que darle más cabida a la predicación expositiva por encima de la temática. El estudio de los libros de la Biblia uno por uno hasta completar toda la Biblia es una de las grandes ausencias en las congregaciones pentecostales que prefieren en su mayoría los evangelios, el libro de los Hechos y las epístolas, pero… ¿sabemos cuál es el tema de Oseas, o de qué va el libro de Sofonías? ¿Miqueas nos suena de algo además de saber que fue un profeta del Antiguo Testamento? ¿Sabemos la cronología de los eventos escatológicos descritos en Apocalipsis? ¿Somos en la práctica el pueblo del Libro?

Los tiempos no van a mejorar, pero nosotros somos llamados a hablar y vivir de acuerdo a la sana doctrina. En medio de tanto engaño circundante la iglesia debe ser lo que por definición es: “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15). Enseñemos “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27). Esto es prioritario, es urgente, es nuestra responsabilidad y es nuestro privilegio.

1 Comentario

  1. Excelente reflexión, la pura verdad de lo que se vive en las iglesias evangélicas, pentecostales etc.,.
    Cuánta responsaiblidad ante Dios tienen los Pastores en la aadministración de las congregaciones a
    su cargo respecto a la enseñanza que imparten desde el púlpito y en el discipulado. Pero, quién era
    Pablo!! un siervo de Dios a carta cabal, con celo y temor santo por lo sagrado de Dios.
    Ciertamente, vivimos tiempos peligrosos donde mucha comezón de oir en gente novelera que andan
    por doquier buscando ese ´algo más¨ que los distrae y aleja de las verdades bíblicas ya establecidad
    en la sana doctrina.

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